Sábado. Nublado, lluvioso por momentos, melancólico, parado. Ni triste ni alegre, pero más lento que rápido, más calmo que excitado, más sentado que de pie. En otras palabras, el día perfecto antes y después del desayuno, para escuchar durante media hora en bucle, es decir, seis veces seguidas, una de las canciones eternas de Damien Jurado.

"Tonight I Will Retire", una de esas sigilosas obras maestras que se cuelan disimuladamente en la discografía del genio de Seattle y a cuya letra mejor no prestar mucha atención en un día gris como este ("Esta noche me retiraré", ejem, va de un hombre a punto de suicidarse), pertenece a uno de los mejores discos de Damien, "Ghost Of David" (2.000), divisible en dos partes. Una primera, de desarmante y sublime sencillez en plan folk sedoso y confesional (nuestra preferida, claro), que se abre con la impecable "Medication" y contiene, además de la canción que hoy comentamos, minas emocionales y material de primera, como "Great Today", y una segunda parte, más diversa, rítmica y riesgosa, incluso experimental en algunos temas, que admite hasta piezas de rudo garage/rock como "Paxil"

La canción que hemos elegido para hoy, "Tonight I Will Retire" es casi una curiosidad en lo instrumental: absolutamente acústica, nada de guitarra, solo un piano y una mínima percusión. Además, claro, de la inconfundible e hipnótica voz de Damien Jurado que, en primerísimo plano, cantando divinamente y concediendo unos breves silencios para que la melodía penetre sensualmente su texto, va soltando sus versos a modo de susurro en lo que parece un primoroso recitativo pero esconde una canción pop-folk con todas las letras y una composición para voz admirable. Alcanzar el máximo de expresividad con el menor despliegue de recursos, un logro solo al alcance de los elegidos.

Parece que no ocurre nada en el desarrollo de la canción, minimalista en extremo (la melodía expresada por el piano, impresionista y casi ambiental, apenas varía y la percusión es un continuo sin variaciones) pero en realidad está ocurriendo algo, fluye delicadamente un torrencial de emoción que conquista y atrapa al oyente, avisado desde los primeros diez segundos de que se encuentra ante una canción de frágil y evocadora belleza que no le interpela directamente ni le reclama pero le acaba envolviendo, poco a poco, con una cercanía y una dulzura sin azúcar que ni engorda ni daña la salud pero, a su manera, alimenta, proporciona energía de la que se consume lentamente, y, quizá más relevante, enriquece ese guiso mental que seguimos sin saber cocinar.