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Adoramos los conciertos y ver a nuestros ídolos en directo, es sabido que desde hace décadas constituyen nuestra forma favorita de ocio lúdico, pero con Leonard Cohen nos pasó y sigue pasando una cosa muy peculiar. Nunca le hemos visto cantar en directo, pese a que las oportunidades, que tampoco tantas, estuvieron ahí a lo largo de los últimos años. No fuimos al mítico recital del canadiense del Victoria Eugenia donostiarra ni al celebradísimo del BEC hace siete años.

¿Por qué? Por lo mismo que –a pesar de que las vimos, faltaba más- no nos emocionaron en exceso las espléndidas filmaciones que en su tiempo emitieron en TV (recordamos uno de Canal Plus y otro de TVE) de algunos de sus más recordados conciertos, y que no acostumbramos ver vídeos de youtube de conciertos ni de grabaciones en vivo, que nos encantan de otros artistas. Es un caso que solo nos ocurre con Cohen.

Las canciones de Leonard Cohen nos gusta disfrutarlas (preferentemente) en la intimidad y (siempre) en su sonido original; es como si una vez grabadas hubieren alcanzado una corporeidad mágica, ajena a lo representable físicamente, exclusivamente sonora, como si ya solo pertenecieran al aire, y a nosotros mismos, claro. Al verlas reflejadas –e, inevitablemente, cambiadas- en un escenario con el propio Cohen y sus fabulosos músicos y coristas, la cosa se convierte en terrenal, en ordinaria, pasa a ser una music en vivo más. Estamos como una p. cabra, puede ser.

Es que, para nosotros, la de Leonard Cohen no es una music más. Solo nos pasa con él y con sus canciones, y no es que prefiramos respetar esta manifiesta y tontorrona debilidad nuestra en vanidosa reafirmación de una simple manía; no es algo premeditado, simplemente nos dejamos llevar, hacemos caso al cuerpo y flipamos con sus canciones tal cual las grabó Leonard, como si no quisiéramos verlas transformadas en algo vivo y, por ello, sujeto a cambio.

Quizá por eso, y no hay mal que por bien no venga, cabría decir, podamos sobrellevar mejor que otros su forzosa, y ya definitiva, ausencia. En vida, nunca necesitamos ver ni sentir cerca a LEONARD COHEN; tuvimos muy próximas su voz y nos llegaron a tocar sus canciones, que nos volvieron locos, nos cambiaron tanto sus poemas y sus melodías... que su obra forma parte de la magia de la vida y la muerte, del sexo y el amor, de lo hermoso y lo deplorable, lo triste y lo alegre; en fin, que devino demasiado trascendental y emocionante la cosa como para soportar que sus canciones tengan una traslación a la realidad física y corpórea. Siempre estará Leonard con nosotros, porque se ha convertido en eterno e inmortal a través de sus canciones. De canciones como esta “Tower of Song” que os proponemos reescuchar hoy.

Y permitidnos ahora una ANÉCDOTA. Hace un par de años, un amigo nos discutía, en la sobremesa de una agradable comida de grupo, una aseveración que siempre hemos defendido con pasión, que Leonard Cohen, además de gran poeta, era un extraordinario músico, que compuso melodías inolvidables (ojo, que lo dice también Dylan, no solo nosotros, je) y que podía presumir de haber creado y publicado un montón de discos maravillosos y con estilos imperantes o secundarios muy diversos (jazz, folk, soul, gospel, rock...) “no menos de diez”, nos lanzamos, a pesar de que por entonces Cohen llevada grabados solo 13 discos de estudio con temas nuevos. "¿Cómo puedes decir eso, se te ha ido la olla?", "¿Leonard Cohen a la altura de los más grandes del folk, el rock y el pop o el jazz?" nos respondieron. Nuestra respuesta, contundente y trabajosa, fue la grabación de un cedé con estos diez discos completos que ves enumerados cronológicamente más abajo. Se lo hicimos llegar y no hace falta decir que, desde entonces, quien discutía lo evidente es un fan convencido más del Leonard Cohen músico y tan gran músico como gran poeta.

Si alguna vez vez habéis pensado que Leonard Cohen era un gran poeta y cantautor con una docena de canciones fabulosas pero poco más, escuchad –enteritos- estos diez discos que grabamos a nuestro amigo, además del último y de despedida, el fantástico “You Want It Darker”, por supuesto, y si eso nos contáis:


Songs Of Leonard Cohen, 1967
Songs from a room, 1969
Songs of Love and Hate, 1971
New skin for the old Ceremony, 1974
Death Of Ladies' Man, 1977
Recent Songs, 1979
I'm Your Man, 1988
The Future, 1992
Old ideas, 2012
Popular Problems, 2014

Con deciros que sus tres últimos discos nos parecen de 9 para arriba, está dicho todo. Porque Leonard Cohen no es un Dylan o un Woody Allen o un Neil Young, que en la etapa postrera de su vida artística van produciendo material de aliño, curioso y completista o correcto sin más, y solo muy de vez en cuando entregan género de Primera, que nunca Extra. Cohen ha muerto tras haber publicado tres discos consecutivos maravillosos, Extra delicattessen en poco más de cuatro años, que por sí solos se bastan para situar a cualquier artista en la cumbre. Se mantuvo Cohen en la cima artística hasta su último suspiro, sin un solo paso atrás; no conocemos un caso igual. Y es que quizá no lo hubo.

 

 

Venga, escuchemos “Tower of Song”, que se publicó en 1988, en el disco “I'm Your Man”, y convengamos en que Leonard Cohen hizo a lo largo de su carrera más, mucho más que folk de cantautor.

TOWER OF SONGS


Así queremos recordarlo, sonriendo y despidièndose contento de una vida que le dio mucho y a la que supo corresponder, devolviéndole aún más, para nuestra dicha. Y lo queremos recordar con una de sus últimas maravillosas canciones,

SAMSON IN NEW ORLEANS, de su discazo "Popular problems", de 2.014.